opinión

Llamado a la solidaridad

martes 9 de octubre, 2018

Señores organizadores de la Copa Argentina, ¿realmente creen que lo más importante en torno al Clásico es definir la sede, la fecha, el horario o la cantidad de público? Error. Lo que debieran estar debatiendo es la posibilidad que Newell’s y Central le eviten a hinchas, periodistas y simples espectadores del fútbol, 90 minutos de terror.

Como en el formato del certamen debe haber un ganador, aunque ambos deberían perder, lo más razonable sería ir directamente a los tiros desde el punto penal, el único momento en el cual estos dos equipos pueden despertar emociones. El partido será por la tarde, en plena hora de la siesta, y salvo que pase algo muy extraño, los de Bauza y De Felippe nos llevarán a un sueño profundo de casi dos horas.

Fin de semana tras fin de semana, nos muestran una expresión cada vez más pobre en cancha. Unión y Colón desnudaron falencias de todo tipo. El primero goleó a un Central que ya ni siquiera es sólido y en eso mucho tiene que ver el Patón que equivoca nombres, posiciones, esquema, idea y planteamiento, al margen que choca con rendimientos individuales que andan por el subsuelo.

El Sabalero se aprovechó de un Newell’s que sale del Coloso y parece tener amnesia de los pequeños aspectos en los evidencia una leve mejoría. Cuando la Lepra logra dar un tibio paso hacia adelante e intenta salir del pozo futbolístico en el que hace buen rato está inmerso, retrocede unos tres o cuatro casilleros en su presentación siguiente.

La única diferencia entre estos dos clásicos y eternos rivales, es que los rojinegros al menos suelen mostrar algún atisbo de reacción pese a la adversidad y a tener escasas herramientas, sobre todo si la pelota no pasa por el Gato Formica. Lo de los auriazules es aún más preocupante porque ante el primer golpe, carece completamente de argumentos para revertir la situación, sólo ha podido sentirse cómodo en los partidos cuando se pone en ventaja, si es que la conserva por un período superior a diez minutos.

Otro claro punto en el que no se encuentran es en las lecturas de los entrenadores después de cada encuentro. Mientras Bauza se fue “muy conforme” tras eliminar a Almagro por penales y aseguró que su equipo no involucionó con el paso de las fechas, De Felippe es bien autocrítico, marca errores de sus dirigidos al punto de decir que les “cuesta enchufarse”, como sucedió en el Cementerio de los Elefantes donde regalaron un tiempo.

Posiblemente el Patón, puertas para adentro sepa que la cosa no camina, que su Central no tiene rumbo firme y simplemente, juega cada vez peor, pero frente a los micrófonos parece no querer dar el brazo a torcer y cuenta una realidad paralela. Omar, en cambio, no disimula las fallas, las deja de manifiesto y semana tras semana le intenta buscar la vuelta, sucede que posiblemente, salvo darle de una vez por todas la titularidad a Formica, tampoco tiene mucho más material para cambiar sustancialmente.

Quizás queden dos o tres ocasiones más para ver a canallas y leprosos en el campo de juego antes del Clásico, aunque si jugadores y cuerpos técnicos no revierten sus desteñidas imágenes, seguirán siendo un dolor de ojos y la expectativa que hay por este cruce estará fundamentada sólo en lo que representa para la ciudad y por tratarse de una instancia avanzada del torneo.

Sin embargo, como no hay demasiadas ilusiones en que haya soluciones mágicas, vamos derecho a un derbi en el que reinará el miedo a perder, en el que la pelota sufrirá y que el rating televisivo sólo triunfará por tratarse de un evento de semejante trascendencia, pero advierto que Central y Newell’s prometen brindar un espectáculo soporífero. Por lo tanto, señores organizadores de Copa Argentina, les suplico que atiendan este llamado a la solidaridad: vayan directamente a la definición por penales.

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