SALUD

La oftalmología en pandemia

Por Gimena Rubolino.


La crisis en el sistema de salud, no es nueva, y se remonta a un punto de partida de difícil determinación.

Lo que sí está claramente determinado es la distorsión que impacta a los precios relativos y, sobre todo, los costos que conforman estructuras que para la oftalmología, son de una altísima especificidad.

La  oftalmología, demanda una capacitación continua, lo que implica muchos años de estudio y superespecialización. Esa característica es lo que asegura que los colegas sean médicos  altamente calificados.

Precios dolarizados

En esta especialidad el 40% de los costos están dolarizados, no existe producción nacional  de insumos, ni de aparatología y ni del mantenimiento de esa infraestructura que está a nivel de Primer Mundo. Y por si esto fuera poco, otro mal nacional que nos pega a todos, es la inflación.

En esta actividad el 30% de la estructura de costos se ve impactada por el aumento interno de precios ( si bien cabe aclarar que la inflación específica del sector salud está por encima de la inflación general del país).

Para aportar datos recientes, los medicamentos, insumos básicos de esta actividad,  registraron aumentos superiores a la inflación en 2020, según el informe realizado  por “El Observatorio de precios de costos de la salud” de la Unión Argentina de Salud.

En dicho informe, se indica que los medicamentos de uso hospitalario aumentaron un promedio de 278% y que productos como el propofol (de uso en pacientes graves con Covid-19) tuvieron aumentos anuales de 335%.

Los medicamentos de alto costo tuvieron aumentos superiores a 55%; mientras que los fármacos de uso común en pacientes ambulatorios aumentaron 46,1%.

Por su parte, en algunos casos, los fármacos para tratamientos de alta complejidad aumentaron 84% en promedio, pero con picos del  1.300%. Sí, no es un error de redacción: un mil trescientos por ciento.

El 30% restante de la estructura de costos mencionada está relacionada con las paritarias del sector salud, que abarca al personal del gremio de la sanidad; lo cual tiene una variación anual publicada cada año e imposible de no absorber, a un promedio del 40% anual.

Ahora bien, con este cuadro de situación de la evolución de los egresos necesarios para poder funcionar debemos analizar qué sucedió con los ingresos.

En general los ingresos no se incrementaron en esta proporción, ni siquiera se pudo lograr un avance cercano al equilibrio.

Este desfasaje se debe a que la mayoría de los ingresos proviene de las Obras Sociales y las Prepagas. Y los valores que ellas aportan en la actualidad, no permiten cubrir, siquiera, los costos antes mencionados.

¿Crisis por la pandemia?

Durante 2020, los prestadores tuvieron que absorber los aumentos de medicamentos e insumos y demás conceptos que conforman la estructura de costos detallada, sin poder aumentar, prácticamente, los ingresos.

Con esta situación insostenible, que lleva  más de un año por debajo del punto de equilibrio y en algunos casos por debajo del margen de contribución, convierte a la actual, en una crisis.

De cara al futuro, si todo continúa así,  la oftalmología, probablemente, será una especialidad a la que sólo se podrá acceder de forma particular.

A modo de ejemplo, pongamos foco en lo que está ocurriendo con la odontología. La  mayoría de los prestadores que ofrecen calidad no pueden sostener su servicio dentro de las coberturas de Obras Sociales y Prepagas.

Soluciones mágicas no existen. Y de no tomarse las medidas necesarias y optar por el tan vapuleado “Plan B” , nos llevará a continuar con este proceso de desinversión, de baja de calidad prestación, lo que tarde o temprano (más bien temprano), condenará a la quiebra a  quienes prestamos servicios oftalmológicos.

Hoy, a pesar de todo, brindamos nivel prestacional del primer mundo, en el marco de un sistema,  que no contempla esta situación”terminal”.

Actualmente, y acorralados por la situación descripta, son muchos los oftalmólogos que, pandemia mediante, tuvieron que tomar la decisión de salir del sistema, y atender sólo de forma privada.

Esta situación tiene que ser un punto de inflexión, para la profesión y la especialidad.

Futuro incierto

El problema no es nuevo, se arrastra desde hace tiempo, pero se exponenció, como consecuencias de la pandemia de COVID 19,  y es por ello, que se deben tomar decisiones relevantes, para equilibrar las cargas del sistema, pues sin ello, no habrá salida posible, mucho menos, sustentable.

Los argentinos merecemos acceder al cuidado de la salud visual en organizaciones que brinden servicios de calidad y medicina de excelencia.

Todavía es posible preservar el sistema, ojalá se tome noción de la gravedad del problema y las soluciones lleguen, cuanto antes, para evitar caer en un punto de no retorno, en la que todos saldremos perjudicados.

 

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