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La historia de tres ex empleados de Falabella que venden churros en la peatonal de Rosario

Desempleados de la tradicional esquina no se quedaron de brazos cruzados y decidieron invertir en la gastronomía.


La típica frase 'Me mandaron a freír churros', a veces, puede terminar para bien. Exempleados de Falabella, tras ser despedidos, no se quedaron de brazos cruzados e invirtieron en un novedoso local de gastronomía ubicado en pleno centro de Rosario.

Mr. Churros es una franquicia de comidas rápidas con origen en Tucumán que viene subiendo escalones en todo el país. La firma arribó a la ciudad de la mano de tres ex trabajadores de Falabella, quienes quedaron desempleados en junio pasado, después que la tradicional esquina bajara sus persianas.

El negocio de comidas está ubicado en la peatonal Córdoba, entre San Martín y Maipú, y sus dueños decidieron apostar el dinero que cobraron como indemnización a ese punto de Rosario, en medio del éxodo de comercios. Se trata de Adriana, quien trabajó 6 años en Falabella, Víctor, 13 años, y Leo, también 6.

En diálogo con Mauro Yasprizza, movilero del programa El Puente que se emite por Radio Mitre Rosario, Adriana contó cómo se gestó la propuesta gastronómica: “Tras ser despedidos, teníamos varias ideas flotando y la gastronómica es la que más sobrevivió a la peor etapa de la pandemia. Víctor vio la franquicia de Mr. Churro y a los tres nos gustó la idea: nos ideamos, proyectamos y así fuimos”.

En el sitio web oficial de la empresa se observa un amplio menú, que tiene como principal protagonista al churro, pero “somos mucho más que churros”, señaló Adriana en ese sentido.

Por otra parte, explicó que sus ex compañeros de Falabella les brindaron apoyo para comenzar con el emprendimiento. “Muchos compañeros vinieron a saludarnos y a darnos la mejor de las energías al conocer el local. Muchos tienen sus microemprendimientos y han avanzado, y otros están en la búsqueda laborar que es difícil por la pandemia y la economía, es dura la situación”.

“Hoy digo ‘gracias Falabella’, porque no hay mal que por bien no venga. Hay que ver el vaso medio lleno, no medio vacío”, reflexionó Adriana.

“Gracias a dios a la gente de Rosario le gustó el local, es solidaria, vienen y te saludan. Además, los mismos comerciantes de la cuadra están contentos porque reactiva un poco el movimiento, y nos ayudamos entre todos”, cerró.

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Paladini flotante