masacre de texas

La fuerza aérea no registró los antecedentes violentos del asesino de Texas

La inscripción de Kelley en la base de datos de la fuerza pública debería haber bloqueado su acceso legal a las armas.

Redacción Rosario Nuestro

martes 7 de noviembre, 2017

Las Fuerzas Aéreas estadounidenses no registraron los antecedentes violentos del tirador de Texas en el registro oficial de la fuerza pública. El cuerpo aéreo del Ejército admitió este lunes que no inscribió el historial del ex aviador Devin Kelley —que el domingo terminó con la vida de 26 personas e hirió a una veintena en una iglesia baptista de Sutherland Springs— en el registro de información criminal, algo que debería haber bloqueado su acceso legal a las armas. Kelley fue condenado hace cinco años por un consejo de guerra general por dos cargos contra su esposa e hijastro.

Vender o proporcionar un arma a una persona condenada por un delito de violencia doméstica es ilegal. Sin embargo, pese a su condena que además derivó en su baja en el Ejército, pudo comprar armas dos veces en Academy Sports + Outdoors, una tienda de San Antonio. El establecimiento ha declarado en un comunicado que revisaron las dos veces sus antecedentes en el registro de criminales y no hallaron su nombre.

Las piezas del rompecabezas del terror empiezan a componerse en Texas. La policía presume que  Kelley cometió la masacre en la iglesia baptista de Sutherland Springs tras soltar una lluvia de balas de fusil semiautomático, por “problemas domésticos”. El asesino, de 26 años, había amenazado a su suegra, que asistía a la iglesia que atacó –aunque este domingo no había ido a misa–. Kelley murió tratando de escapar del lugar de la masacre.

Para ellos no cabe duda de lo que pasó el domingo en la iglesia. Satán poseyó a Devin Kelley, lo armó con dos pistolas y un fusil de asalto Rueger AR-15, lo subió al coche vestido con un uniforme negro de combate, lo detuvo de camino en una gasolinera para llenar el tanque de combustible y lo dirigió a la capilla de Sutherland Springs, un pueblito de medio millar de vecinos, anodino, con sus casas familiares de madera, su oficina postal, sus campos alrededor de amarillo otoñal, y le dijo: “Dispara, mátalos a todos”. Y Devin Patrick Kelley salió del coche hacia la iglesia con la cara cubierta por una máscara con el dibujo de una calavera.

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