Catón, el censor

La ética según Triaca

Redacción Rosario Nuestro

viernes 2 de febrero, 2018

Los jóvenes discípulos Domingo y Alejandro lo tenían acorralado al viejo Catón, el censor, contra las escalinatas del Parque España. Se quejaban duramente de todos los enemigos que estaba cosechando gratuitamente el discurso duro e inflexible del vetusto Tribuno. Los paró en seco Catón, diciéndoles que él había pasado a la inmortalidad por haber sido el custodio romano de costumbres, ética y, principalmente, virtudes morales. “No ando buscando un coro de aplaudidores, ni los busco ni los quiero”, bramaba Catón.

“Si por algo seré recordado será seguramente por no haberles dado tregua ni cuartel a los ladinos, promiscuos, frívolos o pervertidos. En este pueblo nadie parece espantarse por los ejemplos que tenemos a diario de estulticias y transgresiones. Verbigracia observen cómo un ex mandatario de la Corte Suprema de Justicia  de la Nación, conocido por la sociedad por su fé“garantista”, aspira a un subitum interruptus del orden constitucional y que el Presidente abandone abruptamente su despacho en la Casa Rosada sin haber finalizado su mandato constitucional. Ese mismo ex magister había sido denunciado hace unos años mientras ejercía su judicatura en la Corte porque se descubrió  que un amigo íntimo que tiene y le administra sus propiedades había rentado diez departamentos del “garantista” para el ejercicio de la prostitución”.

“Una diputada de la Nación de origen chubutense llamó entre otras lindezas “pelotudas y conchudas” a la Reina de Holanda y a la primera dama argentina . Y lo peor es que ésta diputada cree arreglarlo todo pidiendo “disculpas” como si el “perdón, me equivoqué” pudiera sanarlo todo como un ungüento mágico o pócima milagrosa . ¿Qué le dirán sus pares cuando se reúna nuevamente el Congreso de la Nación? ¿Acaso le den simplemente un tirón de orejas? Y los ejemplos pueden seguir ad infinitum”.

“Miren el caso de los jugadores colombianos de Boca que, a juzgar por la declaración de una de las mujeres que los denunciaron, habrían sido agredidas con uso de arma blanca, y luego pretenden tapar todo el asunto consumando un “arreglo” ante la actitud complaciente y permisiva de jueces y fiscales que miran para un costado, ignorando que el artículo 104 del Código Penal no permite llegar a un acuerdo para este tipo de delitos”.

“Qué no decir del caso de los sindicalistas ricos con mansiones y bienes suntuosos, además de plata fuerte escondida en cajas de seguridad del país y del extranjero, que hablan continuamente quejándose por los  salarios bajos de sus afiliados, cuando ellos nunca podrían justificar las fortunas espúreas que detentan y exhiben cuasi obscenamente”.

“Pero la madre de todas las inmoralidades las cometió el ministro de Trabajo Jorge Triaca, que fue sorprendido en una serie de actos incalificables contra una empleada suya que solo pueden terminar con la inmediata renuncia a su cargo. Si no lo echan, lo están encubriendo. Ese ministro no tiene más autoridad moral para representar al gobierno y a todos los argentinos en la cartera laboral. Es un indigno de ocupar su cargo. Sobre la Ética escribió prolíficamente Aristóteles en varios tomos de su “Etica a Nicodemo”, que fueron receptados y difundidos muchos siglos después por Santo Tomás de Aquino. Recordaba que cuando fue sorprendida la mujer del divino Cayo Julio César al haber concurrido a una fiesta a la que se tendría que haber abstenido de frecuentar dijo: “La mujer del César no solo debe serlo, sino también parecerlo” . Curiosa anécdota que nos llega por Plutarco”.

Catón se subió a un banquito del lugar y se quejó duramente que sus palabras cayeran siempre en saco roto. Pero ni la bondad ni la misericordia formaban parte de las virtudes morales que tenía el viejo Tribuno y posiblemente por ello Dante Alighieri en la “Divina Comedia” no lo envió a Catón al Paraíso, sino que lo instaló al pie del Purgatorio, cosa que nunca le perdonó el austero censor al poeta toscano. Y sin despedirse de sus discípulos marchó raudamente en  búsqueda del cafetín de la bajada Sargento Cabral para su colación frugal de mate con galletas. Cuando ya estaba llegando pasó un camión con altoparlante que difundía con los decibeles a mil a los Caballeros de la Quema cantando “Avanti morocha” . Fue mucho para él, y decidió una vez mas irse a dormir en ayunas.

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