OPINIÓN

Justicia, negacionistas y duendólogos

Por Gustavo Feldman


Por Gustavo Feldman... 

"La gente se está suicidando por su propia ignorancia acá...obviamente que sé que no hay un virus, hay una intoxicación masiva…" Esto dice una de las personas que convoca a las marchas de los "Mentirosos por la Verdad", los que propugnan que la vacuna contra el Covid es un veneno porque éste no existe, los mismos que reivindican que la tierra es plana y la presencia de los duendes, benignos y malignos. Al lector se le ocurrirán más y mejores adjetivos que a mí para calificar tamaño dislate.

En tiempos de pandemia todo se exacerba. Lo bueno es puesto a prueba, lo malo empeora, lo anodino termina siendo malo; y la idiocia brota por doquier, con formato místico y comprometiendo la salud de todos.
La piel y el ánimo se sensibilizan, el sentir popular entra en ebullición; y la Justicia, los políticos, jueces y fiscales también; algunos políticos, algunos jueces y algunos fiscales. Y los abogados? Los abogados seguimos haciendo nuestro trabajo mientras podemos y cómo podemos.

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Ahora en Rosario aparecen los imitadores de Jim Jones, los descerebrados que afirman que no hay pandemia, que el virus no existe, los sospechados de ser verdaderos delincuentes que ponen en riesgo a la población y su salud. Y ante tan fantasmagórica aparición están los que les plantan cara y que reflejan el sentir de la inmensa mayoría y los que adoptan una postura de cómoda justificación o comprensión porque existe la libertad de expresión.

Torpe o aleve confusión. Nada tiene que ver con la libertad de expresión escupir a una persona a la cara en pleno contexto de numerosos contagios, nada tiene que ver con amenazar a una fotógrafa que está haciendo su trabajo. En la argentina existe un antecedente muy luctuoso de una persona asesinada por sacar una fotografía. Y paralelamente hay una respuesta estatal bipolar; porque mientras la policía buscaba persuadir primero y reprimir legalmente después, a posteriori, surgía una posición de la agencia judicial cuanto menos vidriosa.

No soy de aquellos que critican o denuncian a un juez porque no le gusta lo que resuelve; tampoco busco su condena social como alguno que escribió que porque un juez le dio el arresto domiciliario a un imputado “lo expuso a la muerte”, tamaña grosería es más propia de un "mediocre por la verdad" que de un periodista. Pero sí quedé sorprendido, ingratamente sorprendido, primero cuando el Fiscal Vienna acordó la libertad con la defensa de dos de los imputados, y mucho más cuando la jueza Chiabrera otorgó la libertad a la versión berreta de Mengele.

Lo resuelto por la Jueza Chiabrera se erigirá en un antecedente muy firme: existiendo denunciantes y testigos amenazados, existiendo riesgo procesal como para fundar una prisión preventiva temporalmente razonable, se liberó a quien se imputó de instigar a que se ponga en peligro la salud de la población, imputación apoyada en un fuerte plexo probatorio que avizora una muy probable condena. Raros tiempos en los que se blande falsamente la libertad de pensamiento de individuos que evidentemente no piensan. Momento de imprescindible sujeción a la ley. Punto de inflexión en el que los que orientan las conductas de los demás deben recuperar el equilibrio, para no caer en la persecución fácil pero tampoco en la permisión cómplice.

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