Pautas para prevenir los efectos adversos

Home office, ¿paraíso o pesadilla?


Home Office, la oficina en casa, teletrabajo, trabajar desde casa, diversas maneras de denominar el trabajo a distancia, el llevar la “oficina” a casa. Englobado en el término de “oficina” en tanto lugar donde se hace, se ordena o trabaja algo, incluimos no sólo el trabajo administrativo, informático, comercial, de gestión, sino también la educación y la atención en salud, y hasta el periodismo en la medida que el rol lo permita, y en definitiva, toda tarea que pueda ser realizada de forma remota.

Las nuevas tecnologías de la información y la comunicación han permitido desarrollar progresivamente toda serie de actividades humanas en el universo virtual, desde compras on line, educación a distancia, pasando por el home banking, hasta el cibersex, casi todo puede gestionarse mediado por Internet.

Me detengo en la palabra “progresivamente”…así venía siendo, progresivo, paulatino, un proceso relativamente lento en el tiempo, voluntario, por elección…hasta que irrumpió el Coronavirus y el aislamiento social preventivo y obligatorio nos precipitó de un solo salto y sin previo aviso a lo que para muchos es un abismo, entre el mundo real y el entorno digital.

En los trabajos que así lo permiten, de repente, literalmente de un día para otro, hubo que “virtualizar” las tareas. Estos días he conversado con profesores que me han expresado su desconcierto y dificultad al tener que abordar plataformas de educación virtual, a las que no estaban acostumbrados y sin oportunidad de una capacitación presencial que los guíe, como dijo uno de ellos “yo soy de la época de los teléfonos negros”, refiriéndose a los primeros aparatos telefónicos a disco y con cable. Por supuesto que la mayoría de nosotros, no importa la edad, utilizamos las herramientas informáticas e internet, pero una cosa es tomar algunos elementos del entorno digital para los procesos de enseñanza y de aprendizaje, y otra muy distinta es trasladar íntegramente el acto educativo a un entorno virtual. Para eso no todos están preparados, y claramente hay que pensar ese cambio en clave intergeneracional, y valorar los esfuerzos que implica para muchos de los que no somos nativos sino inmigrantes digitales. En este aprendizaje de emergencia (como en la vida misma), la paciencia, la tolerancia, la empatía y la solidaridad son imprescindibles.

Lo cierto también es que estos cambios repentinos y obligados, aun cuando en apariencia sean transitorios, llegaron para quedarse. Aceptémoslo, este empujón que nos sumerge en las profundidades de lo virtual, marcará un antes y un después a partir del cual se concretará la auténtica revolución de la era digital. Aun cuando pasada la pandemia retomemos las actividades presenciales, el desarrollo de esa dimensión en muchos casos no tendrá retorno.

Por eso es necesario aprender a desempeñarse en Home Office de la manera más saludable posible, para que no nos resulte perjudicial en la vida personal y familiar. Si bien visto desde afuera puede parecer la panacea, trabajar en casa, lejos de ser un sueño, puede transformarse en una verdadera pesadilla.

En la distribución del uso del tiempo, la distinción entre trabajo, tiempo libre y tiempo liberado se vuelve mucho más confusa cuando trabajamos desde casa. La falta de un encuadre diferenciado en el uso de los espacios, torna absolutamente relevante el manejo de los límites en la variable del tiempo.

Cuando todo lo hacemos en un mismo lugar, el espacio de por sí queda indiferenciado (en muy pocos casos se puede contar con un escritorio aparte destinado al Home Office, y aun así sigue estando dentro de la casa). Si no sostenemos un encuadre temporal lo suficientemente firme, nos veremos subsumidos en una masa temporal amorfa que provoca un síndrome de estado neutro (me atrevo a parafrasear el nombre de una patología del dormir), en el cual nunca estamos ni del todo trabajando ni del todo relajados. Se va perdiendo la capacidad de diferenciar cuándo estamos trabajando y cuándo hacemos uso del tiempo libre.

Si bien suena tentador en un primer momento, es una trampa que deriva en la tortuosa sensación de que todo da lo mismo. De la mano de la relajación de las tareas laborales viene el desdibujamiento de los momentos de recreación. Porque así como la distención envuelve la rutina laboral, bidireccionalmente el trabajo invade los momentos de ocio, y de ese modo nos encontramos con personas que a las once de la noche están subiendo archivos a la plataforma de trabajo, sin relajarse nunca, tanto como a mitad de horario laboral están chateando con amigos, sin terminar de concentrarse.

Esa falta de diferenciación necesaria entre el trabajo y el tiempo libre, altera nuestras rutinas e incluso nuestros ritmos circadianos (alternancia sueño-vigilia) lo cual es un estrés para el organismo que desencadena una serie de respuestas adaptativas que lo desgastan y nos vuelven más vulnerables a enfermar.

La organización del tiempo, el respeto por el descanso, la recreación y el sueño, así como una buena alimentación, higiene y actividad física, son factores de protección no sólo psíquica sino también inmunológica, ya que tanto nos está preocupando la pandemia, cuidemos estas variables.

Las rutinas son necesarias, porque encuadran el tiempo, con mojones que nos marcan, orientan y regulan no sólo las funciones vitales sino también nuestro modo de ser en el mundo, desde un punto de vista existencial. Consideremos entonces algunas pautas básicas para organizarlas.

Pautas para un Home Office saludable

  • Establecer horarios de trabajo y respetarlos lo más posible. (Aun cuando no haya una relación de dependencia que así lo exija)
  • Prepararse para “ir a trabajar” aunque se esté en casa: aseo, vestimenta y disposición mental a enfocar la atención en la tarea.
  • Gestionar los preparativos, no fiarse de que “total estoy en casa” ¡es una trampa! Es más fácil llegar tarde a una reunión virtual en casa que a una presencial afuera. Estar en casa nos hace sentir relajados y se produce una distorsión cognitiva que nos lleva a subestimar el tiempo requerido para “llegar a tiempo” a los compromisos virtuales. Seamos conscientes de eso. Usemos las alarmas para anticipar las gestiones previas para estar listos, considerando también que iniciar los dispositivos lleva su tiempo.
  • Hacer que el entorno socio afectivo (presencial o virtual) entienda que estamos trabajando, aunque estemos en casa, y respete ese tiempo como laboral. (como esposa de Home Officer de larga data puedo asegurar que a la familia le cuesta mucho eso!!!)
  • Auto disciplinarse para respetar los horarios y objetivos laborales aunque el entorno sea más relajado
  • Permitirse, por qué no, disfrutar de las “ventajas” de estar en casa, como poder almorzar con comida saludable si hay disponible o si se puede prever un breve corte para hacerla, o hacer colaciones con frutas frescas en lugar de galletitas, tanto como disfrutar de un gesto de cariño si convivimos con alguien, estar al tanto de las vivencias de los hijos y/o estar acompañados por las mascotas, sin que esto comprometa el desarrollo de las tareas laborales.
  • Limitar la mensajería por temas de trabajo, fuera del horario de trabajo o al menos dentro de límites que pactemos, excepto casos de fuerza mayor que no deben ser la norma, sino justamente la excepción extra ordinaria. Siempre podemos ser asertivos y decir, mañana lo vemos, o bien, como se dice ahora, “clavar el visto” y responder en horario pertinente.
  • Si existe la posibilidad, lo ideal sería disponer un espacio dedicado al Home Office, de manera de que al concluir la jornada, pueda cerrarse la puerta y con ella la oficina.
  • En la medida de lo posible, contar con los insumos tecnológicos más adecuados para la tarea, una buena conexión a Internet, así como muebles ergonómicos, todo esto facilitará la experiencia, optimizando el rendimiento y minimizando en estrés. Claramente cuando la implementación es repentina, como está ocurriendo, estas condiciones no suelen estar dadas lo cual genera tensiones y agotamiento, contemplemos esas variables, aunque no las podamos modificar, para evidenciarlas.
  • Las tareas en entornos virtuales implican mayor sedentarismo (no es lo mismo por ejemplo, trasladarme hasta la facultad y subir dos escaleras hasta el aula, que caminar hasta sentarme delante de la notebook), por lo tanto es crucial priorizar en la agenda la actividad física programada.