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“Guerra de soda”: dibujos para pasear por la infancia que nos pasó a todos

La primera historieta de la rosarina Jazmín Varela se presenta este viernes en Gran Reactor (Moreno 477).

Por Laura Hintze

jueves 26 de octubre, 2017

Jazmín Varela dibujó un libro: más de 20 páginas que primero fueron más de 20 hojas de color repletas de trazos de birome. Sólo eso. Pero no es poco: cada trazo es parte de un dibujo que cuenta historias de una infancia particular y a la vez similar a cientos de infancias. La vergüenza, la familia, las vacaciones, las nuevas amigas, las sensaciones de una niña son algunos de los temas de “Guerra de soda”, el primer libro e historieta de la rosarina de 28 años que se presenta este viernes a las 20 en Gran Reactor (Moreno 477).

“Guerra de soda” es, a primera vista, un libro simple y lindo. Dan ganas de tenerlo, de atesorarlo, de mostrar los dibujos de Varela a todo el mundo como si fuesen un objeto de decoración. Pero afortunadamente la propuesta va más allá. Lo lindo se complementa con la propuesta de pensar la infancia y las anécdotas, de contar las incomodidades de una niña que podría ser todas las niñas. El libro de Jazmín Varela nació como autobiográfico y termina superando a la autora, poniendo en jaque al lector para encontrar sus propias guerras de sodas, su primera malla bikini, la separación de sus padres, el primer día en la escuela.

El libro, contó la autora, nació del azar. Las primeras páginas fueron un ejercicio de un taller de historieta autobiográfica de hace dos años; fueron las primeras dos páginas de historieta que hizo Jazmín en su vida. Después, se convirtieron en un fanzine de 16 páginas que llegó a las manos de la editorial Maten al Mensajero. El libro se terminó de imprimir en agosto de 2017 y tiene 72 páginas.

Es la primera vez que Jazmín Varela escribe, dibuja, piensa, hace, un libro. Su soporte siempre fue el fanzine. “Estoy acostumbrada a hacer cosas cortas porque me aburro”, dijo a Rosario Nuestro. “Me daba miedo la extensión del libro. Pero me ayudó a ejercitar la narrativa y resultó ser un dibujo rápido y simple, que disfruté mucho. Al final, no sentí cambios pasando del fanzine al libro”.  La incomodidad, de hecho, no se siente en ningún rincón del librito tamaño oficio, finito, con tapa semidura y colorida. Las páginas pasan y fluyen con los años de la protagonista, Jazmín, y para el final, sentís que ya la conocés.  

“Guerra de soda” fue también una lista de anécdotas de la infancia que tuvo Jazmín. Sólo se guió por dos premisas para elegirlas: tenían que ser antes de los 12 años e involucrar alguna situación incómoda o vergonzosa. “Fue, sobre todo, un proceso natural. No sentí nunca que lo había forzado o pensado demasiado”, remarcó la dibujante. Las anécdotas que relata la historieta tienen un plus: van acompañadas de fotos de Jazmín Varela, la protagonista, la dibujante, la autora, la joven rosarina que tuvo una infancia como cualquiera. La foto le da contexto, complicidad y un toque de realidad: te sentís identificado porque pasó. Porque le pasa a cualquiera.

Imagen: editorial Maten al Mensajero

El dibujo como un mantra cotidiano

Jazmín Varela tiene 28 años y no sabe cómo definirse; dice que se le complica, que no le gustan las etiquetas. Varela hace ilustración, dibujos, ahora también historieta. “Tendríamos que encontrar una palabra que englobe todo eso, porque no me termino de sentir cómoda con ninguno de esos términos”, propone. La historia de la joven no es distinta a la de otros artistas: dibuja de chiquita, dejó de hacerlo durante la adolescencia, ya de grande se reencontró con el dibujo y no lo dejó. “Estudié diseño gráfico y fui a talleres con distintos artistas. También trabajé en algunos estudios y no me gustó. De a poco empecé a dibujar, y nada más”.  

Dibujar es lo que Jazmín hace. A veces es también su trabajo, pero por lo general es simplemente eso: lo que la hace y define. “Al principio, el dibujo fue más una actividad, no la principal, pero de golpe empieza a ser necesario. Siento como si estuviera repitiendo un mantra, es algo medio raro, es como meditar. Por ahí hasta siento la necesidad de hacerlo todos los días. Eso me empezó a pasar los últimos años y es cómo me hace sentir a mí dibujar, o el disfrute que le encuentre yo”.

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