opinión

Fuego amigo


Por Andrés Cánepa

El Frente de Todos cruje a partir de las distintas miradas sobre temas que para un sector son claves y para el otro evitables. Alberto Fernández recibió duras críticas de dirigentes de su gobierno por Vicentín, lo ralentizado que viene el impuesto a la riqueza y algunas concesiones que le ha permitido a la oposición y a poderes económicos concentrados. Cristina Fernández de Kirchner, en silencio, presiona desde el Senado.

Es normal que se reciban críticas de la oposición. De hecho, de eso se trata el juego de la democracia. Alberto llegó a presidir el país a partir de un frente que se gestó en base a una militancia radicalizada junto a un sector grande del peronismo moderado que veía que no alcanzaba con la grieta para ganarle a Macri. Es habitual también, que existan tensiones por las disputas de poder interno.

Mirá también

La otra pandemia

Sin embargo, lo que no se espera es que esas diferencias se expongan en los medios de comunicación y en las redes por dirigentes y líderes de opinión del sector más extremo del frente. Con La Cámpora a la cabeza, pasando por la micro militancia de redes y hasta un tweet de Cristina citando a una nota del periodista Faiat para el diario Página 12, donde critica las políticas económicas y de negociación del Presidente con empresarios, se pudo ver que el fuego interno tal vez fue el más fuerte que recibió durante estos 7 meses de gobierno.

Hay un tema que es central. La Cámpora redactó el Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) para intervenir y posteriormente expropiar Vicentín, de la mano de una senadora ultra K de esa agrupación, Fernandez Sagasti, y esto le trajo más de un dolor de cabeza al gobierno. De hecho, el mismo primer mandatario reconoció haberse equivocado en la lectura de la coyuntura de la empresa y la política en nuestra provincia, por lo que le cedió el permiso al gobierno de Omar Perotti para que encabece las negociaciones y evite lo que en principio era cosa juzgada.

Esto trajo un malestar grande al sector más kirchnerista de la coalición y empezó a ver cómo esa disputa entre ambos líderes debía considerarse necesaria para salir al cruce del Presidente. A eso se suma, por los pasillos del Congreso, una crítica a que el proyecto del Impuesto a la Riqueza que también promovió La Cámpora en la voz de Máximo Kirchner, no era fogoneado por Alberto y por esa razón no reunían el consenso en la Cámara baja.

Después de esta semana, tal vez la más difícil para Alberto desde que asumió, tuvo que pronunciarse nuevamente a favor del proyecto de un aporte extraordinario y por única vez para las grandes riquezas. Para descomprimir, volvió a impulsar la idea y ahora el Frente de Todos deberá juntar los votos en Diputados. En señal de diálogo interno y demostrando buena voluntad, acompañará una iniciativa que, desde su seno más íntimo, aseguran, no está del todo convencido.

Lógicamente, el poder natural de Cristina y sus fichas estratégicas dentro del Congreso, hace que el mandamás de la Rosada tenga que mantener buena relación si quiere sobrevivir a los tres años y medio de gobierno que le quedan por delante. Pero en este juego de seducción va a tener que ceder en algo porque si no esa mirada de reojo del 20 por ciento de la sociedad fanática del kirchnerismo se transformará en un escollo duro de roer.

Algunos dirigentes, también vinculados al ala más dura del kirchnerismo, de todas maneras, salieron a apoyar a Alberto Fernández públicamente. Fue el caso de Agustín Rossi, que con un hilo de Twitter llamó a la militancia a bancar a Alberto y no limarlo ante los embates de la oposición más ferviente y la reaparición de Mauricio Macri en la escena política nacional.

Pero después de lo de Vicentín y la vuelta atrás, dejando casi en ridículo al sector que lo impulsaba, deberá ceder para volver a alinear a los rebeldes. Todo esto en un contexto inédito de una pandemia que azota al mundo entero, una crisis económica antecesora a este desastre y una negociación de deuda que puede ser una bocanada de aire puro para nuestra economía o una sentencia al default.

El fuego amigo es el más difícil de enfrentar  porque es inesperado y cuesta encontrar la manera de contraatacar. Pero sin dudas que deberá resolverlo para poder seguir administrando una crisis histórica y poder llegar a la primavera con fuerzas para lo que se viene.