OPINIÓN

Eran otros tiempos, era otra la historia


En un país tan resultadista, sobre todo en lo que respecta al fútbol, una distracción en el minuto final del alargue, un inesperado empate y posterior eliminación por penales, puede modificar todo el concepto en torno a un equipo. Eso le sucedió al Sub 20 de Argentina al quedar fuera del Mundial de Polonia contra Mali.

A los juveniles del Bocha Batista les cayó encima la pesada mochila de los 12 años de decepciones en una categoría que nos acostumbró a estar en la cima del mundo. Los pibes albicelestes hicieron crecer la ilusión con dos buenas presentaciones en el comienzo, pero las alarmas se encendieron ante Corea del Sur y todo lo bueno se tiró al tacho contra los africanos.

Quedarán de esta camada de futbolistas menores de 20 años algunas individualidades destacadas y con proyección como Ezequiel Barco, Nehuén Pérez, Aníbal Moreno o Adolfo Gaich, pero una vez más faltó que se forme un equipo con estructura de tal. La solidez nunca fue una virtud durante el campeonato.

Allá y a lo lejos quedaron las épocas doradas con José Pekerman a la cabeza y que luego continuaron, Hugo Tocalli en mayor medida, y Francisco Ferraro. No hubo hasta el momento un proceso de juveniles similar en la historia del fútbol argentino. No sólo por los cinco títulos sobre siete Mundiales disputados entre 1995 y 2007, sino por la calidad técnica y táctica de aquellos conjuntos.

Sumado a ello, año tras año, los seleccionados Sub 20 nacionales nutrieron enormemente a la Mayor. De aquellos equipos salieron futbolistas que se afianzaron en la Albiceleste o al menos tuvieron mucha participación como Sorín, Samuel, Placente, Scaloni, Cambiasso, Riquelme, Aimar, Nico Burdisso, Coloccini, Maxi Rodríguez, D'Alessandro, Saviola, Mascherano, Tévez, Zabaleta, Garay, Gago, Biglia, Romero, Mercado, Banega, Di María y hasta un tal Messi.

De la anterior selección juvenil, comenzaron a ganarse cierto lugar Lautaro Martínez, Exequiel Palacios, Juan Foyth, Matías Zaracho y Santiago Ascacibar, pero son casos aislados como los que podrán darse en algún tiempo con los pibes que vistieron los colores nacionales en Polonia.

En el caso que haya un proyecto por detrás, al cual habrá que darle tiempo, los frutos aún no están a la vista. Una vez más, pasó un Mundial Sub 20 sin pena y mucho menos gloria para Argentina y lo que es todavía más preocupante, sin una concepción colectiva que entregue ilusiones a futuro. Sólo el potencial visto en algunos nombres puntuales, claramente sin la certeza sobre si se transformarán en realidades.

Lo que edificó Pekerman allá por mediados de la década del '90 se derrumbó, ya nada queda, ni siquiera las bases. Aún hay confianza depositada en lo que puedan retomar dos de sus "discípulos" como Aimar y Placente desde el Sub 17, un importante paso previo en la formación de los próximos talentos.

Para saber a ciencia cierta qué resultados se obtendrán de este naciente proceso, a la espera que sea justamente eso, habrá que tener paciencia. Mientras tanto, con nostalgia y parte de tristeza por lo que fue y ya no es, simplemente pensar que eran otros tiempos, era otra la historia.