Reflexiones mínimas

El test del malvavisco

El prestigioso médico psiquiatra se suma con esta columna al staff de Rosario Nuestro.

miércoles 3 de enero, 2018

Las investigaciones en el campo de las psicociencias, suelen producir resultados que, cuando los conocemos, nos resultan un tanto obvios. Como si tan sólo se limitasen a reafirmar lo que el sentido común ya nos había enseñado.

Pero algunos son ciertamente más originales y por tanto más interesantes en las conclusiones que arrojan. Uno de ellos es el denominado “Test del malvavisco”.

Fue concebido por el psicólogo Walter Mischel, profesor de la Universidad de Stanford en E.E. UU.Yrealizado a fines de los 60, principios de los 70. Es un estudio sobre “gratificación retrasada”.

Se le ofrece a un niño pequeño que elija entre una recompensa inmediata, un apetitoso dulce (un malvavisco), o la posibilidad de esperar unos 10/15 minutos y obtener así ¡dos malvaviscos!, o sea, el doble de gratificación si logra esperar.

El investigador deja solo al niño, que es observado y filmado desde un espejo de visión unidireccional (cámara Gesell). Hay en YouTube, desopilantes filmaciones sobre el esfuerzo de niñitos para “no caer en la tentación” de comerse enseguida el dulce y lograr así, la ansiada recompensa por la espera.

Lo cierto es que los investigadores logran distinguir, dos grupos de niños: los que podían esperar y los que no podían hacerlo.

Estos niños fueron monitoreados durante años, en cuanto a su desempeño en la vida. Bueno es decir que la experiencia inicial se realizó con las hijas, a la sazón pequeñas, del Dr. Mischel y sus compañeritos de escuela. Pero la investigación fue replicada cientos de veces.

Se llegó a una predecible pero contundente y valiosa conclusión. Los niños que pudieron esperar tuvieron durante todo su desarrollo como adolescentes y jóvenes, un mejor nivel de salud, incluyendo escaso o nulo consumo de drogas, y un aceptable o elevado nivel de rendimiento escolar.

Es claro entonces, que enseñarles a nuestros niños el “arte de la espera”, el no abalanzarse, el control de la impulsividad, los habilita a una vida más autónoma, más plena, con mejores posibilidades de realización personal. Más sana psíquica y físicamente.

Puede ahora entonces, lector, comerse dos malvaviscos, ¡son muy ricos!

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