Rumores de barrio

El retorno suena mal

La Fiesta de las Colectividades se desarrollaba, bulliciosa y en movimiento continuo, como siempre. Familias enteras, de puesto en puesto, probaban todas las comidas, las madres corrían a los chicos que, aburridos, se alejaban, y por el escenario...

Redacción Rosario Nuestro

viernes 2 de febrero, 2018

La Fiesta de las Colectividades se desarrollaba, bulliciosa y en movimiento continuo, como siempre. Familias enteras, de puesto en puesto, probaban todas las comidas, las madres corrían a los chicos que, aburridos, se alejaban, y por el escenario, desfilaban las delegaciones, representando a los distintos países, orgullosos.

La delegación de Israel era numerosa. Ocupaban casi todo el gigantesco palco y tanto los trajes típicos como la coreografía eran imponentes.

El Negro, encargado del sonido interno del escenario, al que los profesionales llaman Retorno, era el mejor para la tarea. No había jamás una queja y esa noche, todo estaba saliendo muy bien.

Por eso le llamó la atención que una voz desconocida para él, le hablara con tono severo por el Intercom.

– Hola, usted es el encargado del retorno?

– Si, qué pasa? respondió el Negro, mientras trataba de identificar al que le hablaba.

– Mire viejo, yo soy el coreógrafo y manager de la gente que está bailando y esto es un desastre!

Quedó atónito. Nunca le había pasado y nervioso, solo atinó a preguntar: .- Pero qué pasa?, aquí arriba está todo bien!

– Bien estará para usted. Los más chicos ya perdieron el paso y los más grandes, en un rato se van a chocar entre ellos! ¿Y sabe porque? Porque todo suena como el culo, y el responsable es usted! Adonde aprendió, en la Academia Pitman?

– Pero usted quién es? Me habla a mí y lo tiene al sonidista al lado, no me conoce y me reta…

– Otra vez le tengo que decir quién soy! Soy el coreógrafo y usted me está arruinando la presentación. Arregle todo porque lo voy a cagar a trompadas!

El Negro se sacó los auriculares, bajó del escenario dando zancadas. Llegó agitado después de correr los 80 metros que lo separaban de la mesa de sonido, esquivando gente y dispuesto a todo para defender su honor profesional, pero ya era tarde.

El Doctor Tangalanga se había ido con Cesar, el amigo que lo llevó a conocer la fiesta rosarina, y los compañeros de la empresa de sonidos Triamp, se abrazaban, llorando de risa.

La presentación de la delegación de Israel fue un éxito.

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