Más de $1.000 millones

El paso a paso de cómo se derribó la red de coimas en el Senasa de Rosario

Se trata de una maniobra para habilitar las bodegas de los buques a los que no les aprobaban los certificados sanitarios si no pagaban dádivas de hasta u$s 50 mil.

Redacción Rosario Nuestro

viernes 15 de febrero, 2019

Por Ignacio Pellizzón

Por haber investigado que dentro del Senasa había una red mafiosa y corrupta que cobraba coimas millonarias para habilitar las bodegas de los buques que exportan granos, el director para la Región Centro del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA), Cristian Cunha, recibió todo tipo de amenazas tanto él como su familia, al punto de que le enviaban fotografías de distintos eventos a los que asistían a modo de amedrentamiento.

“Esto empezó en el 2016 cuando comenzamos a averiguar cómo funcionaban las cosas en el Senasa con relación a la habilitación de bodegas de exportación de granos. En este sentido, iniciamos una investigación y entablamos una mesa de trabajo en conjunto con una red global que se llama Anticorrupción Marítima, que nuclea muchos de los armadores que son dueños de buques y están distribuidos en todas partes del mundo, y que se quejaban de los costos que les generaba Argentina. Ellos denunciaban que en los puertos no les exigían buenas condiciones de los barcos y sus bodegas, sino de cuánto iban a tener que pagar por sus habilitaciones”, relató a Rosario Nuestro Cristian Cunha.

El director continuó: “Detectamos que estas mafias se llevaron más de $1.000 millones producto de prebendas llevadas a cabo por extrabajadores del organismo. Los barcos eran retenidos o no se les aprobaban los certificados sanitarios si no pagaban una coima que podía llegar hasta los u$s 50 mil por buque”.

Un dato importante a destacar, es que el puerto de Rosario es un punto de salida clave de las exportaciones del sector agropecuario. Por esta vía pasan los grandes buques graneleros desde donde parte el 80% de las cargas de granos y derivados de Argentina.

POR QUÉ CONVENÍA PAGAR

Según contó el director a este medio, el modus operandi de la coima era de la siguiente manera: el barco llegaba a la zona común, lo amarra un práctico y lo estacionan en lo que se denomina la Rada -es la zona donde se ven barcos parados desde las barrancas de Rosario- hasta que se libere el muelle.

Mientras los buques están esperando para ingresar a los puertos, se realizan las diferentes inspecciones: se acerca Aduana para pedir identificaciones, le dan el ingreso a los puertos, llega Gendarmería para realizar chequeos y, también, llega Senasa para controlar a los importadores.

“Un ejemplo: si llega un barco egipcio para comprar mercadería que cuesta muchísimo dinero, quiere y está interesado en que las bodegas -donde se almacena y trasladan los productos- no estén infectados, no haya óxido, no haya pintura caída y demás, porque es materia prima que luego se utiliza para consumo humano y/o animal. Entonces, se realizan inspecciones de las bodegas donde se les da la habilitación para cargar y, es en ese proceso donde se producía la coima”, describió Cunha.

“Esto se realizaba porque un barco parado tiene un costo de u$d 50 mil el día, con lo cual si le pedían de coima por unos u$d 10, u$d 15 o u$d 20 mil por día, al armador le resultaba más económico que mantener parado esperando el buque. Por ende, se generó una cultura de la coima que duró más de 20 años y llegó a un nivel donde se había exacerbado la corrupción”, afirmó el director regional.

Esta situación generaba que los fletes y/o barcos que llegaban al país incluían dentro del costo la coima que debían pagar. “Es decir que Argentina costaba un poquito más por este tema, con el agravante de que la mercancía salía más cara pero no le generaba más riqueza al productor, sino que eran gastos de logística”, culminó Cunha.

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