a la vista de todos

El negocio a cielo abierto que es manejado por trapitos y recauda más de 3 millones de pesos mensuales

Son pequeñas mafias que cooptaron las zonas más rentables y estratégicas de la ciudad para recaudar cientos de miles de pesos sin intervención alguna y bajo la mirada desinteresada del Estado.


Por Ignacio Pellizzón

Las miradas no invitan a negarse. Es pleno verano en Rosario. Todavía faltan varios meses para que llegue la pandemia. Sentados debajo de algún árbol están a la espera de que alguien quiera estacionar. El calor es insoportable, pero ellos están ahí. “Son 50 pesos el día”, advierten antes de que uno pueda acomodar los pies sobre la calle. El negocio es redondo, millonario y está a la vista de todos.

El flagelo de los trapitos suma más de una década. Son personas marginadas del sistema que encontraron en la changa del “cuidacoches” una forma de sobrevivir. Algunos mangos que les permiten comprar algo para comer. Así, se fue expandiendo la nueva modalidad laboral por toda la ciudad, concentrándose en el microcentro, donde el flujo de autos para cuidar es mayor.

La política nunca les dio una alternativa. Decenas de proyectos pasaron por el Concejo sin pena ni gloria. Los diferentes intendentes de la ciudad no se ocuparon del asunto. Mientras tanto, distintas mafias fueron cooptando los espacios más estratégicos y redituables de Rosario a la luz de la desidia estatal.

Es enero en la ciudad y este cronista salió a realizar un conteo artesanal sobre la cantidad de autos que hay estacionados desde el MOP –a la altura de La Fluvial- hasta los Silos Davis, donde comienza la doble traza que une el centro con la zona norte de la ciudad.

En el largo trayecto, que incluyen varios estacionamientos públicos como el de La Misión, se ven grupitos de trapitos de dos, tres hasta cuatro personas esperando recibir el pago por el servicio de cuidar el auto. La arremetida es tan intempestiva que no dan tiempo ni a pensar. Además, del temor latente que frente a la negativa del cuidado haya consecuencias.

Entre La Fluvial y el MOP es imposible calcular porque hay un parque entero disponible para estacionar, pero que en una estimación muy aproximada se pueden acomodar entre 500 y 600 coches sin inconvenientes.

Desde La Fluvial hasta los galpones del CEC –incluidos- se cuentan unos 754 autos estacionados, casi sin espacio entre unos y otros. Todos los lugares posibles están ocupados y hay que dar varias vueltas para poder encontrar dónde estacionar. El cálculo siempre es a dedo, artesanal.

Entre el restaurante Don Ferro y el Club Mitre, en pleno enero al mediodía, hay 365 vehículos estacionados. El día amerita salida al aire libre y eso se nota. El recambio es constante, pero nunca queda un lugar vacío. Siempre llega algún auto que se estaciona. Los trapitos están muy atareados.

Ya en el estacionamiento de La Misión se contabilizan 200 coches estacionados. Es probable que entren más, pero en el conteo no superan esa cifra. Hay dos trapitos que cobran 50 pesos la estadía. No hay amenaza, ni advertencias, pero sí prepotencia. El espacio frente al río Paraná está colapsado. Las maniobras para estacionar son complejas.

Por último, haciendo un salto desde Moreno y el río hasta los Silos Davis, donde se armaron estacionamientos públicos nuevos a raíz de la obra de la doble traza que une el centro con zona norte, se contabilizan unos 400 coches estacionados. En cada etapa de los nuevos espacios para estacionar hay entre tres y cuatro trapitos.

Los que ocupan el espacio que linda con los ferrocarriles son un poco más agresivos. No permiten que se les tomen fotografías y advierten que son 50 pesos, sin excusas. No es muy grande ese rectángulo, pero uno se siente encerrado y sin escapatoria. Hay que pagar. Solo algunos se atreven a pegar la vuelta e irse con su auto a otro lugar.

El negocio es redondo y millonario. El dinero es en efectivo y en negro. La plata se ve contante y sonante. Si se realiza una estimación de ése día con ése conteo son en una cifra aproximada unos 2.500 vehículos estacionados. Si cada uno aceptó la tarifa, pagó los 50 pesos y lo dejó durante todo el día, es decir, sin recambio en el estacionamiento, la ganancia fue de 125 mil pesos.

Si uno proyecta la ganancia de manera sostenida, manteniendo la misma cantidad de autos estacionados y sin recambio durante el día, con lo cual son 50 pesos por coche y nada más, en una semana son 875 mil pesos; en un mes son 3.500.000 pesos y en un año 42 millones de pesos, entendiendo que no hay vacaciones para el cobro.

La pandemia del coronavirus paralizó la actividad por completo. A medida que se fue flexibilizando la cuarentena, el movimiento en Rosario pareciera ir encontrando su nueva normalidad al igual que los cuidacoches. Sus puestos volvieron a ser ocupados. La tensión sigue firme, como el primer día, al igual que la desidia estatal.