opinión

El mudo

Miguel Lifschitz
Franco Trovato Fuoco

Por Andrés Cánepa

Miguel Lifschitz optó, luego de 4 años de exposición alta, por llamarse a silencio en este inicio de gestión de Omar Perotti. Pero en silencio, sin dar la cara él y enviando a sus soldados a los medios a contrarrestar los embates del oficialismo actual, tiene bajo llaves un proyecto fundamental para el PJ santafesino.

Perotti puso a todos sus mejores aliados a trabajar para que el Proyecto de Ley de Necesidad Pública sea una realidad. Un endeudamiento para acomodar las cuentas y hacer frente al déficit heredado, una emergencia en seguridad más que necesaria para tomar decisiones con celeridad y algunas herramientas para acortar plazos y ahorrar dinero.

Sus argumentos son sólidos y se encuadran dentro de una realidad nacional que asusta: en mayo vencen los plazos de la deuda y es probable que Argentina entre en default. Los mercados están reacios a escuchar las plegarias de Martín Guzmán, ministro de Economía nacional, y de Alberto Fernández. El primer mandatario hizo un rondín por Europa y otros países del mundo para reunirse con los jefes de Estado y no obtuvo hasta aquí mayores dividendos.

No hay más dólares –nadie nos presta y la creación de divisas locales es cada vez más escueta-; ya no se pueden imprimir pesos por la inflación alta que tenemos y las decisiones deben ser drásticas. Hasta hay especialistas que anticipan la vuelta de las cuasimonedas, como a principios de SXXI.

Lifschitz, en este contexto, se ha puesto de punta contra los “superpoderes” y ha frenado en diciembre un proyecto “invotable”, según su visión. Tampoco cuadraba la metodología que utilizó la gestión del rafaelino de querer imponerlo en la Legislatura casi sin mantener diálogo con ningún sector. Pero Perotti aprendió y envió un nuevo texto con otro nombre y con sus dos alfiles políticos al pie del cañón para discutir cada artículo con cuanto legislador tenga alguna duda.

Sin embargo, lejos de llegar a un acuerdo, el Senado terminó votando la iniciativa inicial y el Frente Progresista, comandado por el ex gobernador, eligió un dictamen por minoría que no es nada más ni nada menos que un proyecto de ellos mismos.

Tal vez sin darse cuenta de que ya no son gobierno, o con la ansiedad de hacer oposición férrea desde el vamos, producto de la adrenalina residual de una gestión reciente que se fue, no le dieron las herramientas a Perotti que el peronismo sí les dio a Bonfatti y al propio Lifschitz cuando no tenían las mayorías absolutas en ambas cámaras durante los últimos 8 años.

Sin hablar en la pública, lo que dice el presidente de la Cámara de Diputados por lo bajo es que cuando el socialismo se endeudó, fue solo para obra pública y con cada trabajo a realizarse detallado en una planilla por departamento y localidad. Además, sostiene que endeudarse para gasto corriente es un pecado capital para una provincia como la nuestra. Del otro lado, el peronismo argumenta no tener recursos para afrontar el monto de la herencia del Frente Progresista y para solventar el pago de la masa salarial creciente y una baja en la recaudación profunda.

Lo cierto es que a 90 días de asumir una nueva administración, ya tenemos una grieta local que no ayuda a nadie. De esa ley, según el gobernador, dependen el Boleto Educativo Gratuito, el aumento de los fondos de la Tarjeta Ciudadana, la reactivación de la obra pública y la renovación de la flota de patrulleros para la Policía.

Parece poco maduro por parte de la política santafesina no poder llegar a un acuerdo en esta época de crisis. Pero el cuadro de situación marca que el punto de consenso para empezar a mantener un diálogo responsable aún está lejos. Mientras tanto, la tensión entre las partes sigue creciendo.