El equilibrio entre la vida personal y el trabajo

Cuando uno toma la decisión de emprender el difícil (pero no imposible) camino hacia el desarrollo de un negocio propio, una de las primeras cosas que se nos vienen a la cabeza es cómo nos vamos a organizar.

Por Rosario Nuestro

viernes 1 de septiembre, 2017

Ya no tenemos un jefe que nos esté marcando qué es lo que tenemos que hacer ni un horario fijo de oficina, y el combustible para que nuestro trabajo dé los frutos esperados somos nosotros mismos.

Sin embargo, para que todo funcione en armonía y esa pasión, empuje y motivación por el desarrollo del negocio se mantengan a lo largo del tiempo (y sea contagiosa para los que deciden acompañarnos), es fundamental aprender a lograr un balance vida-trabajo que nos de satisfacción.

Tener un negocio propio no significa que nuestra vida gire en torno a ello; es más, destinar el 100% de tu tiempo y mente al trabajo puede ser contraproducente.

Hay un conocido refrán que dice “la mente es como un paracaídas; funciona mejor cuando está abierta”. Diciéndolo así parece sencillo, pero en ocasiones, la vertiginosidad del día a día hace que lo olvidemos. Si bien sabemos que desarrollar un nuevo negocio requiere de gran parte de nuestro tiempo al principio, es aconsejable organizar los tiempos para no agotar nuestra energía y no tentar a la frustración.

Pasar tiempo con nuestra familia y amigos, salir de paseo, viajar, visitar ferias, exposiciones, museos, leer libros y permitirnos “jugar” con nuevas ideas nos ayuda a desarrollar nuestra creatividad, generar nuevos conceptos o hasta conocer posibles aliados para nuestro emprendimiento, casi sin buscarlo.

Los jóvenes emprendedores tienen un modelo mental diferente al que podrían haber tenido sus padres, quienes dedicaban su vida entera al trabajo. Hoy en día, los primeros buscan encontrar felicidad en cada cosa que hacen y está comprobado que cuanto más felices somos con lo que hacemos, mejores resultados tendremos.

Mente, cuerpo y corazón

  • Establecé horarios razonables para dedicarte al desarrollo de tus actividades diarias. Lo más lógico es hacerlo entre la mañana y la tarde, para no estar en contra-horario con los demás.
  • Respetá tu “agenda” personal; hacer actividad física, asisitir a algún curso o desarrollar un hobbie que sea diferente a lo que hacés en tu trabajo. Esto ayuda que tu cerebro ordene “automáticamente” lo realizado durante el día y se generen nuevas ideas y soluciones.
  • Disfrutá del tiempo libre. Salir a dar un paseo, compartir charlas y momentos con amigos y familia y, por qué no, pasar un tiempo solo. Tener tiempo para el ocio y la distracción es fundamental para que todo el conjunto funcione exitosamente y logremos el equilibrio que tanto buscamos.

Por Lucía Pérez Pozzan, de APMKT (Asociación de Profesionales en Marketing)

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