GER en la mira

El calvario de una comerciante amenazada por rugbiers: “La próxima te incendiamos”


Hace diez años, Adriana Drisun abrió un kiosco en Dorrego al 1700 sin imaginar que, un año después, iba a tener que cerrarlo por amenazas y vandalismo. Tras conocerse la brutal golpiza en el boliche Wallas de la que participaron cuatro rugbiers, su historia recobró vida y abrió nuevamente la polémica de la falta de límites en algunos grupos de deportistas de alto rendimiento físico. En diálogo con Radio Mitre y Rosario Nuestro, la mujer recordó el horror que vivió desde que adquirió ese bar en Barrio del Abasto, más precisamente cerca de la cancha de Newell´s, Tribunales y el Club Gimnasia y Esgrima de Rosario, donde juegan los involucrados en el último suceso de violencia en el citado local nocturno.

“A diez años de aquel hecho, ya no tengo el negocio. Tuve que cerrar un año después. Cuando (los periodistas) me contactaron, me dio escalofrío porque en su momento no hubo justicia. Antes de mí, había sucedido lo mismo con el dueño anterior. Y durante nuestro juicio penal, la causa se cerró y quedó en nada”. Con ese textual, Adriana introdujo a los oyentes en la pesadilla que debió vivir hace años cuando un grupo de jóvenes de entre 16 y 20 años, también jugadores de rugby del Club GER, se apropiaron de su local y, mediante amenazas y actos vandálicos, dejaron en claro quién mandaba.

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“(Los rugbiers) Empezaron a venir a mi negocio. Venían todas las divisiones de rugby. Yo no sabía el historial cuando compré el local. Era como el kiosco de los de rugbiers, chicos de entre 16 y 20 años. Funcionaban como que mi negocio era de ellos”, arrancó explicando la mujer. Y siguió: “Ellos (desde antes que ella comprara) tenían guardado en el depósito del negocio redoblantes, banderas, camisetas, pelotas, elementos propios que el dueño anterior les permitía guardar. Eso era parte de un acuerdo (implícito): ´que ellos hacían lo que querían´”.

"Funcionaban como que mi negocio era de ellos”.

“Yo no sabía. Primero, se presentaron muy amables pero día a día, mes a mes, les tuve que ir poniendo límites y eso no les gustó. Dijeron: ´bueno, retiramos nuestras cosas (del depósito)´. Se llevaron sus elementos y por un año no los vi más. A finales de 2007, para las Fiestas, empezaron a hacerme pintadas en la fachada del negocio, estrellas de David con aerosol plateado”, detalló la mujer con angustia.

La mujer, que dijo no recordar los nombres de los jóvenes, contó que ese Año Nuevo, diez de los rugbiers que venían de una fiesta en el Hipódromo a las 7 de la mañana, se pararon frente a su negocio y atacaron la fachada con pedazos de ladrillos. “Destruyeron el negocio”, lamentó. Pese a su denuncia y la de los vecinos, la causo se partió (por las edades) entre el Juzgado de Menores y el de Mayores, por lo que se hizo imposible unificar y “quedó en la nada”.

Eso era parte de un acuerdo (implícito): ´que ellos hacían lo que querían´”.

Luego, le hicieron una rotunda amenaza a través de un fotolog: “Ya te pintamos, ya te rompimos. La próxima te incendiamos. ¿Qué esperas para irte de Dorrego?”. Las amenazas continuaron y la mujer debió irse. “En ese momento, el negocio se terminó. La gente no quería venir. Tuve custodia, se perdió capital y nadie lo quiso comprar. Siempre que hubo interesados, no querían, preferían pensarlo mejor. Cuestión que lo vendí, lo desarmé porque tenía pérdidas por todos lados”, concluyó.

Las pintadas de un grupo de rugbiers en la fachada de su negocio.
Rosario Nuestro.
Rosario Nuestro.
Tras los ataques de un grupo de rugbiers, la mujer debió poner custodia.
Rosario Nuestro.
Pintores quitan los mensajes pintados en la puerta del local.

El audio completo:

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Paladini flotante