OPINIÓN

Divorciados

miércoles 11 de julio, 2018

Lifschitz y Bonfatti pasan por buenas y malas, como un matrimonio que se separó pero que tiene que mediar porque hay hijos de por medio. Lo cierto es que nuevamente en el plano de la información pública aparecieron con opiniones dispares respecto al pago de la deuda histórica que Nación tiene como responsabilidad con la Provincia.

Miguel Lifschitz viene peleando por esta deuda hace mucho. Desde que en diciembre de 2015 se supo del fallo de la Corte Suprema, el gobernador empezó a exigir el pago de la misma y Nación prometió siempre arreglar, aunque nunca fue más allá de las palabras y el buen diálogo.

Tras la amenaza de Santa Fe de volver a la justicia, el Ministro del Interior Rogelio Frigerio aceleró las negociaciones y ahora llegaron a buen puerto. El gobierno provincial aceptó la oferta del pago en obras y bonos como reaseguro en caso de incumplimiento. Lifschitz se mostró conforme y todo va sobre ruedas de ahora en adelante.

Todo comenzó con la urgencia del gobierno nacional en la necesidad de cerrar el Pacto Fiscal con las provincias y Santa Fe aprovechó esa necesidad para colar en ese texto el pago de la deuda con una propuesta a efectivizar antes del 30 de marzo de 2018. Eso no sucedió, pero sí abrió un ciclo de reuniones que estarían llegando a su fin a partir de este último acuerdo casi finiquitado.

Sin embargo, Antonio Bonfatti no confía en la palabra de la Nación, pero sobre todo pone en duda cuáles serían las obras que debería hacer Nación con sus fondos por su responsabilidad federal y cuáles son las que elige Santa Fe para que comiencen con la financiación por la acreencia. Y otra vez esto generó ruido interno en el Partido Socialista.

El ruido es porque es un hecho que Lifschitz no podrá ser reelecto y el candidato natural para sucederlo es Bonfatti, y porque se venía manteniendo un diálogo cordial entre ambos sectores internos del partido de la rosa y es raro que en un tema tan importante no haya acuerdo.

Además, y sobre todo, el beneficiario de estas obras sería el hipotético gobierno de Bonfatti si es que el Frente Progresista retiene la administración de la Casa Gris. No sabemos si el divorcio es para siempre o temporario, pero sí sabemos que ha generado un distanciamiento este último cruce por la deuda. Los chicos esperan que haya buen diálogo entre los padres – el ex y el actual gobernador- para que los chicos –el Frente Progresista- no sufra en el futuro.

Van y vienen, hablan, discuten, coinciden y a veces no. Pero nadie duda que en el socialismo hoy hay doble comando y eso se nota. Para seguir con el sueño de retener Rosario y la Provincia tiene que haber consensos internos, primero en el socialismo y después en el FPCyS. Si no, Cambiemos espera agazapado.

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