Dieta cetogénica: ¿si o no?


De acuerdo con el Consejo Argentina sobre Seguridad de Alimentos y Nutrición (CISAN) la dieta proteica no es algo nuevo. En medicina, se ha estado utilizando durante casi 100 años para tratar la epilepsia resistente a los medicamentos, especialmente en niños.

Esta dieta hace que el cuerpo libere cetonas en el torrente sanguíneo. Esto sucede porque la mayoría de las células usan glucosa, que proviene de los carbohidratos, como la principal fuente de energía del cuerpo. En ausencia de azúcar, se metaboliza la grasa almacenada y se obtienen cuerpos cetónicos (el proceso se llama cetosis).

Como resultado de este proceso, que posee efectos neuroprotectores, se han planteado posibles beneficios para otros trastornos como el Parkinson, el Alzheimer, la esclerosis múltiple, los trastornos del sueño, el autismo e incluso el cáncer cerebral. Sin embargo, no hay estudios en humanos que apoyen la recomendación de cetosis para tratar estas afecciones.

Una de las principales críticas a esta dieta es que se consumen demasiadas proteínas y grasas saturadas, y muy pocas frutas y verduras. Y debido a que es muy restrictiva es muy difícil de seguir a largo plazo. A su vez, los pacientes con enfermedad renal deben tener cuidados especiales porque esta dieta podría empeorar su condición. Como efectos indeseados adicionales de esta dieta, algunos pacientes pueden sentirse un poco cansados al principio, mientras que otros pueden tener mal aliento, náuseas, vómitos, estreñimiento y problemas para dormir.

La licenciada en Nutrición Estefanía Beltrami afirma que “en estas dietas disminuye el consumo de cereales, legumbres, vegetales y frutas, los cuales aportan una gran cantidad de fibra al organismo. La falta de esta última ocasiona diversas complicaciones, entre las cuales se destaca el enlentecimiento del tránsito intestinal, también denominado constipación o estreñimiento”.

La pérdida de peso es la razón principal por la que las personas siguen la dieta cetogénica. Las investigaciones muestran una pérdida de peso más rápida en comparación con los participantes de una dieta tradicional baja en grasas. Sin embargo, esa diferencia en la pérdida de peso parece desaparecer con el tiempo. A su vez, no existen investigaciones a largo plazo que analice sus efectos a lo largo del tiempo sobre la diabetes y el colesterol.

Los especialistas coinciden en que la mejor estrategia es adoptar un cambio de estilo de vida que sea sostenible a largo plazo. La evidencia concluye que una dieta equilibrada, rica en frutas y verduras variadas, carnes magras, pescado, granos enteros, nueces, semillas, aceite de oliva y mucha agua es la que está asociada a una vida saludable.