OPINIÓN

De ortivas y traidores

lunes 6 de noviembre, 2017

La traición que abunda en la política.

Foto: archivo

Un político argentino recientemente detenido por distintas causas de corrupción dijo desde la cárcel, en pocas palabras, que fue traicionado por sus compañeros legisladores.

Esta afirmación, dicha en el contexto de una reciente votación en la que sus compañeros de bancada le otorgaron el desafuero parlamentario, nos abre a consideración un tema muy interesante:

¿En qué medida la lealtad es una virtud? ¿Esperamos una traición de nuestros compañeros?

La lealtad es la virtud que nos hermana con aquellas personas con las cuáles tenemos un proyecto común. Consiste en el compromiso de caminar juntos hacia el objetivo propuesto, sin hacer pactos ni concesiones al adversario. Pero esa lealtad no debe entenderse como un aval ilimitado para cualquier conducta.

La lealtad es el compromiso con un proyecto común y no con una persona. Por eso, cuando un compañero abandona el proyecto que nos unía, también se rompe el principio de lealtad. Cuando percibimos que alguien se aparta del camino común, lo correcto es avisarle que ya no caminaremos juntos. Aquí se materializa la frase popular que dice “el que avisa no traiciona”.

En el transcurso de la vida es común tejer redes de lealtad con muchas personas, y eso está muy bien porque la unión hace a la fuerza, y si nos mantenemos unidos seguramente el objetivo se concretará. Pero si una de las partes abandona el objetivo común y solamente se queda para perseguir un objetivo de tipo  personal, entonces ya no tenemos el compromiso de ser leales.

La traición es la ruptura de todo compromiso y lealtad. La peor de las ofensas que puede hacer una persona hacia los seres queridos o a las instituciones donde participa, consiste en plegarse a las huestes del enemigo.

Por eso en la historia de la humanidad la traición es el peor de los crímenes y es castigado con la sanción más dura que el hombre haya podido crear.

Pero lamentablemente en la política es muy común asistir al acto traicionero de los compañeros, y eso se debe a que la persona que quiere llegar a una posición de poder suele utilizar a los demás para subir algunos escalones y luego se desprende de ellos para buscar nuevos apoyos, incluso pactando con el anterior enemigo.

Tener una vida plena de compensaciones morales, sólo puede lograrse siendo leal a uno mismo, a sus valores y convicciones, y sin establecer dependencias hacia personas determinadas que solo buscan utilizarnos para llegar al objetivo que ellos y no nosotros, se proponen.

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