OPINIÓN

De Libertad a los adoradores de Freddie Mercury

sábado 16 de diciembre, 2017

El 24 de noviembre de 1991 fallecía en Londres el cantor de rock Freddie Mercury . El pasado viernes 24 fuimos abrumados por todos los medios acerca de vida y milagros del mencionado cantor. Y aunque usted se resistiera, la única trinchera posible para evitar la saturación informativa acerca del fundador de “Queen” era apagar los receptores y dejar de consumir los portales de Internet. Nos enteramos de prepo que era oriundo del África oriental, más precisamente de Zanzibar y que sus padres decían que su familia era de nacionalidad británica hindú y pertenecían a la raza parsi. Nadie escatimó privarse de contarnos que había sido elegido el mejor cantante de rock de la historia y como tal, había sido ungido por la revista “Classic rock”. Nos enteramos que tenía una voz privilegiada con un rango vocal de cuatro octava . Los adoradores y apólogos de tan excelsa figura del rock nos contaron también sobre sus preferencias sexuales, los bares londinenses que solía frecuentar y donde conoció al amor de su vida, como también que falleció pocas horas después de haber confesado que padecía de SIDA.

En un país como el nuestro, donde el 85% de su población no sabe inglés y que por tanto no comprende lo que está cantando Mercury, a mí no me mueve una línea el amperímetro de mis emociones escuchar al divo parsi y no alcanzo a comprender como puede emocionar a alguien escuchar canciones donde no se entiende que dice el que canta, aunque se pueda advertir que tiene una voz maravillosa. No transfiero mis emociones a los demás, pero tampoco puedo recepcionar lo que a los demás les emociona. El mismo 24 de noviembre hubiera cumplido años Libertad Lamarque y sobran los dedos de una mano para encontrar figuras rosarinas como ella con tanta trascendencia internacional. Algunos me dirán: Ernesto Guevara en el plano político, y Leonel Messi en el plano deportivo, y yo les digo paren de contar. No hay más.

Según nos relata el escritor colombiano Germán Arciniegas, la cantante y actriz rosarina era hija de un humilde hojalatero, ateo, librepensador, pobre y anarquista. Quizá con esas cualidades encontremos la razón del nombre que le puso a su hija: “Libertad”. Leí y estudié mucho la trayectoria artística de L.L. y presenté junto a su autora el libro “Libertad Lamarque” en una conocida librería de Peatonal Córdoba en septiembre de 1986. Tuve en esos días charlas intensas junto a ella y a su esposo, el compositor Alfredo Malerba. Por gentileza omití hablarle del controvertido tema del año de su nacimiento y tampoco le pregunté nada sobre si era cierto que le había pegado una cachetada a Evita Perón en 1945 mientras filmaban “La cabalgata del circo”. La acompañé a visitar su escuela primaria, “Bernardino Rivadavia”, donde la esperaban sus entonces compañeras y una multitud de guardapolvos blancos que la abrazaron y vivaban su nombre. De aquel momento conservo una copia del acta de promoción de L.L de Primero Superior A y un ejemplar de la Revista “Radiolandia” n° 3028 del 26 de setiembre de 1986 que estuvo presente con periodistas y fotógrafos en la escuela.

En su época de mayor esplendor cinematográfica con éxitos rotundos en el plano hispano parlante como “Besos brujos” “Madreselva” o “Eclipse de sol”, en Argentina Sono Film se la bautiza como “la cadenera” porque arrastraba al resto de lo producción del mencionado sello de los Mentasti. Para que te vendieran por ejemplo, “Madreselva” los peruanos o cubanos tenían que comprar 4 películas con otros intérpretes. El 25 de junio de 1943 graba la canción de los rosarinos Agustin Irusta y Lito Bayardo “Rosario de Santa Fe” y, desde ese momento, en todas sus presentaciones en vivo en el exterior la cantaba a capella, porque sus acompañantes, circunstanciales, desconocían la música  Fuera donde fuera se llenaba la boca diciendo que era rosarina. Cancionista favorita de Discepolin, éste le entrega el tango “Uno” para que lo estrene en la película “El fin la noche” y la nueva letra de “El choclo” dirigida por Luis Buñuel para el film “Gran casino” y compartiendo el cartel protagónico con Jorge Negrete.

Después de sufrir todo el pasado 24 escuchando a los devotos de Freddie Mercury debo agradecer la mención que hizo de L.L. el DR. Alberto Cormillot en el programa de Marcelo Longobardi por la mañana de Radio Mitre, las del Profesor De Marco en sus efemérides rosarinas en “La Capital” y me cuentan que también Carlos Bermejo hizo una pequeña miscelánea. Yo llamo a esos olvidadizos con el nombre de “ingratos”. Los abogados sabemos que la ingratitud no es un delito y nadie será sancionado por ser un ingrato. Creo que el hombre agradecido es poseedor de una virtud moral y ética que lo ayuda a transitar la vida con rectitud. En su novela en cinco jornadas “El abuelo”, Benito Pérez Galdos le hace decir al Conde de Albrit dirigiéndose al burócrata y extorsionador Senén : “La villanía es perdonable, la ingratitud, no”.

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