Connivencia

Por Andrés Cánepa

sábado 15 de septiembre, 2018

Entre la teoría del acuerdo y la teoría de la depuración, Santa Fe debate hace más de dos décadas que hacer con las fuerzas de seguridad de la provincia y no hay una receta que solucione los conflictos. Nadie duda de la existencia de la connivencia de la policía con los delitos complejos, inclusive los políticos lo ratifican y los hechos lo demuestran. La violencia sigue avanzando.

Es imposible que crezca el narcotráfico territorial sin el aval de la policía. Esta frase, que parece una verdad de Perogrullo, es repetida por todos los especialistas en la materia, por los políticos que intentan luchar contra este enquistamiento y es ratificado en la mayoría de los casos que llegan a la justicia. Casi siempre entre los imputados aparece un uniformado formando parte de la banda.

En el juicio que afrontó la banda narco criminal de Los Monos hubo nueve policías procesados y condenados. Hubo un jefe policial detenido, con un fallo ratificado ya por la Cámara Federal de encubrimiento a un grupo de venta ilegal de estupefacientes. Un jefe regional de la Policía de Investigaciones está detenido desde abril por vínculos con narcos del sur provincial y el anterior jefe del área también fue sentenciado por connivencia criminal.

Casos hay de sobra, y podemos seguir mencionándolos. Pero lo que interesa es el concepto con el que arrancamos: hay uniformados que son parte de las bandas.

Ahora bien, ¿es la policía en su estructura o son “malos policías”? El Ministro de Seguridad Maximiliano Pullaro ha expresado innumerables veces que se es tajante desde su cartera con los que se portan mal. Y que se han pasado a disponibilidad a cientos de uniformados y que hay que ser implacables con quien se corra de la ley son otros de los conceptos que el funcionario emite cada vez que puede. La mayoría de los policías hacen bien su trabajo y corren por la senda de la buena conducta, pero no son “unos pocos” los que hacen las cosas mal y terminan siendo parte de las estructuras criminales.

En otros tiempos políticos de la provincia, cuando los números de violencia eran mucho más bajos, se generó otra de las teorías del manejo político de las fuerzas públicas de seguridad: la teoría del acuerdo. En una mesa de negociaciones, un ex ministro de Seguridad habría puesto sobre la mesa las cajas negras policías y habrían negociado hasta dónde se los dejaba y hasta dónde no correr por los márgenes de la ilegalidad. “Prostitución y juego clandestino sí, drogas y secuestros no”, dice el mito. Y muchos abonan a esa experiencia como la manera de trabajar sobre algo que califican como inmanejable: la policía.

Hoy, a la distancia, hay una pregunta que no podemos responder y es que si en ese tiempo no se generó el caldo de cultivo que terminó explotando en los últimos 9 años. La otra teoría dice que el error fueron las decisiones tomadas en estos últimos tiempos en donde se manejaron mal las cosas de cara a las negociaciones con los sectores más oscuros de la provincia.

Es imposible encontrar en una simple nota de opinión la respuesta a tantas incertidumbres. Todo creen saber la verdad de las cosas pero nadie la habla al micrófono. El temor reina en los 3 poderes del Estado y nadie quiere enfrentarse a estas mafias. La solución está cada vez más lejos.

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