OPINIÓN

Amores que matan

jueves 5 de julio, 2018

Si repasamos las revistas sobre el ambiente artístico de los años treinta y cuarenta (Radiofilm, El alma que canta, Radiolandia, Sintonía, Antena,etcétera) ninguna de ellas da cuenta de escándalos ni nada que se le parezca entre las figuras de la escena, tango incluído. Si bien en ese mismo ambiente era archisabido el romance ocultable que unía a Pirincho Canaro con la cancionista Ada Falcón, nada de ello quedó reflejado en las revistas de la época. Esas relaciones se iniciaron a comienzos de los años treinta y se mantuvieron durante buena parte de la década. Francisco Canaro era un hombre casado y Ada era soltera, hermosísima y codiciada por buena parte del plantel masculino que ostentaba el ambiente artístico por entonces.

Ada, que era una cancionista bellísima de un temperamento adecuado para el género y apoyada en una destacada afinación y una figura espléndida, rápidamente se convirtió en la cancionista femenina preferida por el público porteño. Son verdaderamente conmovedoras sus versiones de “Quisiera amarte menos”, “Rencor”, “Diez años” y “Nada más” y fundamentalmente las del vals del propio Canaro “Yo no sé que me han hecho tus ojos”, que habían impresionado y mucho a Carlos Gardel.

Vivía la Falcón en un petit hotel de Palermo chico en la calle Juez Tedin, rodeado de un lujo asiático y practicando una cultura sibarita desconocida por sus pares, que sin dudas le envidiaban el glamour y el derroche despilfarrador, hasta por el Marajah de Kapurtala. Canaro le regalaba lo que a ella se le ocurría y sus encuentros no eran furtivos ni mucho menos. Todo el ambiente de la calle Corrientes, incluida la esposa de “Pirincho”Canaro, conocían de esta relación adúltera y nadie se escandalizaba por ella.

Joyas, pieles, lanchas y hasta autos formaron parte de esos costosos presentes,  ya que el hombre no escatimaba en costos , saturando su mansión con columnas tapizadas con sedas orientales y aromatizada con perfumes  exóticos.

Pero el tiempo pasaba, y al parecer Canaro no concretaba su promesa de abandonar a su esposa y marcharse a vivir con la cancionista. Y ella se impacientaba porque el hombre no parecía tener prisa  y las llamas de la pasión quizás ya habían empezado a consumirse. Comenzaron a abundar las disputas entre los integrantes de la frustrada pareja. Al parecer.. la separación de su esposa le costaría una fortuna a Canaro, que no estaba dispuesto a pagarla. Además, Ada lo sorprendió avanzando sobre una serie de nuevas figuritas del incipiente cine nacional. Incluso se habla de amoríos que incluyeron a la propia hermana de Ada,  la también cancionista tanguera Adhelma Falcón.

Es entonces que Ada comienza a espaciar sus grabaciones con Canaro, las que se interrumpen definitivamente en septiembre de 1938. La última matriz  corresponde curiosamente al tango “No mientas”. Ya mucho antes de ello Canaro había reparado en las excentricidades de la Falcón: no le gustaba presentarse frente al público exhibiendo una timidez insostenible para una artista y eso determinó que no participara de las exitosas comedias musicales que presentaba periódicamente Canaro en las principales salas de la calle Corrientes. Ada rehusó de plano ser la cabeza de elenco de “Rascacielos”, “La canción de los barrios”, “La muchachada del centro” y “La Patria del tango”, que Canaro presentó a sala llena con figuras femeninas de mucho menor cartel que la esquiva Ada Falcón, como por ejemplo Alicia Vignoli, María Esther Gamas, Paquita Garzón y su hermana Adhelma.

Sus presentaciones radiales se hicieron por exigencia de la cancionista con los auditorios vacíos y cuando finalizaba las mismas, ella se refugiaba en las iglesias cercanas donde quedaba rezando varias horas. Como decíamos, en septiembre del 38 Ada dio por finalizada su vinculación artística con Canaro, ya que la vinculación sentimental ambos la daban por concluida. Su misticismo se exacerbó a tal punto que en las presentaciones radiales que hizo a fines de los años treinta acompañada por guitarras no solo no había gente en los auditorios radiales sino que además la Falcón se hacía colocar una cortina que la separaba aislándola de sus guitarristas ,en una verdadera ejecución “a ciegas”. Poco a poco se fue desprendiendo de todos sus bienes materiales  y empobreciendo gradualmente hasta que  súbitamente en 1942 se fue junto a su madre a vivir a Córdoba sumida en un mutismo total.

Fueron a Salsipuedes cerca de Río Ceballos, en una casa de dos plantas que Canaro le había regalado en sus años felices. Vivían colmadas de privaciones y ella convertida, mediante votos de pobreza y castidad, en Hermana Terciaria Franciscana. Dejaron la casa y se alojaron casi como ermitañas en un pequeño garaje con dos camitas y un modesto calentador que las oficiaba de cocina y estufa. Allí, en esa pobreza verdaderamente franciscana, murió su madre. Las condiciones casi miserables en que vivieron ambas mujeres tuvimos ocasión de comprobarlas in situ en una visita que hicimos a Salsipuedes especialmente junto a unos amigos hace unos años.

La extrema pobreza hizo que la mística mujer viviera sus últimos años gracias a la caridad de la gente de Salsipuedes, hasta que finalmente la internaron sucesivamente en dos refugios geriátricos religiosos en la Provincia de Córdoba en el valle de Punilla. Primero en San Antonio de Arredondo y finalmente en Molinari, donde la encontró la implacable Parca en enero de 2002.

Ada Falcón murió lejos del Buenos Aires que la había visto triunfar y olvidada por esa ciudad y su gente. Nadie la recordaba y su traslado desde Córdoba al cementerio de la Chacarita, donde fue enterrada en el Panteón de los Autores y Compositores, transcurrió en medio de la indiferencia generalizada. Los que compartieron sus últimos momentos cuentan que hasta el final maldijo a Canaro y le deseó que se estuviera pudriendo en el infierno. Jamás lo perdonó y lo hacía responsable de todas sus penurias.

Curiosamente, antes de refugiarse en Salsipuedes a fines de 1942, acompañada por la orquesta de Roberto Garza dejó grabada sus ultimas matrices, consistente en dos canciones escritas por Pirincho al que tanto maldecía. El nombre de esas dos últimas placas son: “Corazón encadenado” y “Viviré con tu recuerdo”.

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