opinión

Adiós a un distinto


Por Andrés Cánepa

Se fue Miguel Lifschitz. Después de pelearla varias semanas contra este virus maldito, el Ingeniero dijo adiós. Las condolencias de líderes de todos los colores no tardaron en llegar. Un golpe duro para los suyos, su familia y para la política santafesina y nacional.

Siempre fue un distinto. Fue el rosarino entre los pueblerinos, fue el ingeniero entre los profesionales de la Salud. Fue el pibe distinto que se adelantó un año en el Politécnico para arrancar la Facultad lo antes posible. El trabajador incansable que planificaba la semana cuando los demás, inclusive su equipo, descansaban.
Desde una secretaría como la de Servicios Públicos supo construir un liderazgo fuerte. Le valió que Hermes Binner lo elija como su sucesor, a pesar de los otros candidatos con los que se especulaba para el cargo, y que estaban primeros en la fila de consideraciones. Fue dos veces intendente y dejó una imagen alta desde la gestión.

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Todo indicaba que su camino era derecho a la Casa Gris, pero tuvo que esperar. La decisión de que Antonio Bonfatti sea el candidato del socialismo a la Gobernación después de Binner hizo que tenga que “guardarse” 4 años en la Legislatura como senador del departamento Rosario. En silencio, con bronca, pero sabiendo que su destino estaba marcado, supo entender la situación y recargó energía para lo que fueron los momentos más importantes de su vida política.

Llegó a ponerse la banda de gobernador. Era su sueño más preciado y lo consiguió. Todo llega para el que sabe esperar. Y a partir del ejercicio de ese cargo, construyó el poder para liderar el espacio del Frente Progresista. Más aún después de la última derrota en los comicios, empezó a reorganizar desde su figura todo el sector político.

El virus llegó para embestir y desmoronar toda esa idea. Su última gran gesta fue consensuar con Bonfatti el armado de las listas para conducir el socialismo y así llevar a la primera mujer al frente del Partido de la rosa: Mónica Fein. En esa previa electoral fue donde pudo haber pescado el COVID-19. Se fue en su ley, trabajando y armando por y para la política.

Por sus formas, por sus amistades, por su rosarinidad, siempre fue el diferente entre propios y ajenos. Quedarán las obras a las que tanto empeño y pasión le puso, y su legado podrá ser heredado por jóvenes dirigentes por los que él apostaba. Su sueño era la renovación de la política, poniendo a los sub 50 en sus alrededores y potenciando a los que venían con una fuerza pujante desde las bases.

Su partida es un hecho político, más allá de lo humano. Pero no se trata de eso la nota, sino de despedir a un respetuoso dirigente, amable, algo cascarrabias y ácido, pero con un gran sentido del humor. Mis condolencias a Clara García, a sus hijos y a su entorno más cercano. No debe haber deseo más profundo que ser despedido con respeto, y él se lo ganó con creces.

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